jueves, 12 de marzo de 2009

Campo de moras -III-

Sombra.

Al llegar a la Plaza Vieja tomábamos la calle Real hasta la carretera que
conduce al cementerio. Allí se acababa el pueblo de los vivos, o casi, porque aún quedaban algunas casas salpicadas a los lados, en una de las cuales se sostenía un cartel azul con letras blancas que indicaba que en esa dirección se llegaba al pueblo vecino, a pocos kilómetros. Antes, más cerca, el cementerio, pero no había señal que lo indicara. No hacía falta.

El silencio -lo recuerdo muy bien-, roto por nuestras pisadas de caminar tranquilo, nos acompañaba hasta un camino flanqueado de naranjos que servía de puente entre la solitaria carretera y la deseada sombra que nos esperaba fresca tras una cancela sobre la que se podía leer, siguiendo el arco de la entrada y con letras de azulejos: "Cementerio de San Sebastián". Una estancia a la izquierda, para atender a los visitantes o a los familiares de los fallecidos en día de entierro y otra a la derecha, donde mi tío guardaba herramientas, lápidas viejas y otros utensilios sin uso, formaban el cuerpo de la entrada. El resto, como todos, una tapia circundante y espacio, mucho espacio.

Tras los naranjos que hacían hilera a los lados del camino, los eucaliptos -algunos con dos troncos principales-, conformaban el perfecto escenario de mis juegos de niño. Al lado mismo de los eucaliptos, las radiantes hojas de las moreras se balanceaban con la suave brisa de la mañana mientras en el suelo se desparramaba un manto de frutos morados, desprendidos de la madre que los alimentó hasta su reciente estado maduro.

Dentro quedaban los cipreces. Vigilantes. Encauzadores de las almas viajeras. Per secula saeculorum.

6 comentarios:

Yandros dijo...

Por muy alegre que se te haga el camino con los naranjos al final siempre quedan los cipreses, pobre árbol, asociado de por vida al camposanto.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras.
No es así. Al menos no siempre, porque las palabras sacan los detalles de sus rincones y los giran para verlos de varios puntos de vista. Una imagen es inmutable, una palabra poliédrica
Y buena foto.
Un saludo

S. dijo...

Cipreses,esos que su forma estilizada apunta al cielo y su madera parece resistir al tiempo.
Bonita historia.
Un beso.

Miguel Ángel dijo...

Dan ganas de subirse al moral y comenzar a coger hojas para los gusanos de seda.
Si observabas de niño los eucaliptos de doble tronco, ¿cómo no ibas a detener con la mirada, la figura de las sombras en las paredes¡?.
Hace años vi un catálogo tuyo de imágenes y diseños virtuales ¿por qué no, ahora, un cuaderno de fotos?
Si...ya se...no quieres presiones. Vale.

R. Laó dijo...

Yandros, eso si es un comentario poliédrico. Gracias por tus palabras. Y por venir.

R. Laó dijo...

S., por eso están en los cementerios, ya sabes, señalan el camino. Algo espiritual?, poético?.
Gracias por pasar.

R. Laó dijo...

Miguel Angel, como sabes, esto va poco a poco.

"Mantener un blog tiene que resultar divertido para el autor, tiene que reflejar su pasión por algo, pero representa, sin duda, un esfuerzo y exige tiempo" (José Luis Orihuela, eCuaderno es su blog).

De todas formas atiendo en cierta forma a tu propuesta y añado un "gadget" a la inescrutable existencia con mis cuadros realizados en cartón y papel. Espero que te/os gusten. Gracias por todo