miércoles, 18 de febrero de 2009

Marta del Castillo

Imagen: R. Laó.

Ocurre que cuando en algún lugar del mundo sucede un caso desgraciado o grave, nos parece que eso nunca nos va a pasar a nosotros, que eso sólo les pasa a los demás. Posiblemente es algo que tiene que ver con algún sistema de defensa propio del ser humano -y quizás del género animal en general- para impedirnos el sufrimiento o algo así, no lo sé.

Basta con que algo suceda a cientos de kilómetros, y no digo ya a miles, para que la onda expansiva no llegue a los sensores de nuestra conciencia, o llegue demasiado débil y entonces es engullida enseguida por la vorágine de nuestro devenir diario. Pero cuando el suceso o la desgracia -sea de la naturaleza que sea- nos toca de cerca, como en el caso de Marta del Castillo, entonces las alarmas se disparan y nos sentimos amenazados y esta situación provoca que nos volvamos sensibles y solidarios con los afectados.

Han pasado cuatro días de búsqueda infructuosa del cadáver de Marta en el río Guadalquivir y todos vivimos con angustia estos momentos de incertidumbre. A mí, no sé si a los demás, cuando llega la hora de irme a dormir se me viene a la cabeza la imagen de los padres de Marta e imagino lo que pueden estar sufriendo, pero como cada noche enciendo la radio y poco a poco, casi sin querer, voy cayendo en el sueño y a otra cosa.

Después de tantos días desaparecida y de algunos más teniendo la certeza confesa de que su hija está muerta en un río, no estoy nada seguro de que yo pudiera soportar caminar tan sólo unos minutos con los zapatos de Antonio, su padre, ni con los de cualquiera de su familia.

6 comentarios:

Jack Daniel's dijo...

Me niego a que el show mediático se confunda con el periodismo y también a que la ociosidad y el morbo se parangonen con la solidaridad.
Son cosas muy distintas. Y en este caso se está haciendo constantemente.

R. Laó dijo...

En este país cada vez se tiene menos reparo a la hora de enfocar cualquier asunto y si es de ésta relevancia menos aún. No me sorprende en absoluto el show mediático con el que por supuesto no comulgo pero me confirma que muy pocos se ponen de verdad en los zapatos de ese hombre o esa familia. La verdadera solidaridad proviene de otros que pasaron por la misma desgracia que ellos. Lo demás, al final, se queda en nada. Saludos Grego, gracias por pasar.

Miguel Angel dijo...

Ponerse o intentar ponerse en los zapatos de quien sufre es la mayor manifestación de empatía que pueda producirse.
Quien sufre también comprende a quien ha sufrido.
Tal vez la más simple manifesatción , por eficaz y realista, de solidaridad cotidiana frente a los show mediáticos.
Dicen los que saben que eso es un aprendizaje y probablemte los que mejor lo comprendan sean quienes vivieron en el precipicio del dolor y supieron sobreponerse.
Un alto precio para un poquito de solidaridad. Pero ese poquito dignifica al hombre.

Daniel dijo...

Indigna aunque también es comprensible en parte, el hecho que comentas. Las cosas cuando suceden cerca, es cuando de verdad nos "afectan" y nos preocupan. ¿Acaso no mueren muchas otras niñas a lo largo y ancho del planeta cada día? A veces de forma mucho más brutal y sobrecogedora. Sin embargo, se cumple el dicho de: Ojos que no ven, corazón que no siente. Y en este caso nuestros ojos han visto mucho, porque no paran de mostrarnos imágenes, testimonios etc. Y nuestro corazón siente, como corazón humano que es.

R. Laó dijo...

Daniel, por supuesto que es comprensible ya que como bien dices, somos humanos. Creo que algo debemos tener en nuestro mecanismo, alguna válvula reguladora en nuestras defensas para que las cosas nos afecten lo justo y no más. En caso contrario terminaríamos todos locos. Más de lo que estamos. Gracias por pasar

R. Laó dijo...

Miguel Angel, bien lo sabes. Gracias por pasar