sábado, 21 de febrero de 2009

Campo de moras -II-

Sin miradas extrañas.

Mi otro tío, Rafael -se llamaba así por mi abuelo, al igual que yo-, vivía en la otra punta del pueblo, en una empinada calle que a duras penas podía subir por una cojera que la metralla le dejó como recuerdo de una estúpida guerra, para siempre. En esa calle, la inclinación del suelo juega con el plano horizontal sobre el que se levantan las casas, escalonando sus fachadas hasta desembocar a los pies de una carretera estrecha y bacheada en la que, por sus constantes cambios de nivel, los tractores o las Derbis de los campesinos aparecían y desaparecían por el horizonte de cielo naranja cuando éstos volvían de las labores del campo.

Mi tío era sobradamente conocido y sin embargo no tenía un apodo como todos en el pueblo. A él se le conocía por una profesión que seguramente le vendría dada por la invalidez de su pierna sin ángulo. Mi tío Rafael, era el sepulturero. Calaba una boina a la que no sé cuantas veces le arranqué el rabillo jugando a darle vueltas.

Muchas mañanas me llevaba con él al cementerio, en casa se quedaban mi tía y mis primas y no era difícil para mí escoger qué hacer, así que acoplado al andar cansino de su maltrecha pierna y de sus dos ovejas cruzábamos el pueblo, entre los buenos días y los vaya usted con Dios de los vecinos, para tomar el camino al camposanto.

Ahora me los imagino tocando madera cada vez que se cruzaban con él, pero entonces yo era sólo un niño ajeno a todas esas tonterías y que se sentía seguro al calor y el cuidado de su cariñoso tío.

6 comentarios:

Miguel Angel dijo...

UNo muy sabio dijo que no se puede beber dos veces la misma agua del rio. Y es verdad. Y , sin embargo, también es verdad,que si se quiere con toda la fuerza de querer, si se puede volver a beber la misma agua.
A fin de cuentas el agua que pasea por los rios claros volverá a pasar infinitas veces, recorriendo su ciclo.
Con los recuerdos inantiles creo que pasa lo mismo. Para eso los contamos, no?
Saludos, Rafael.

temmpus dijo...

Y se transluce de tus letras que la cojera de tu tío escondía más sabiduría que mil piernas sanas.

Un abrazo!

i met you dijo...

me encanta caminar por tus callejones, son tan plásticos, me relaja.

beso

pd: gracias por los paseos

R. Laó dijo...

Miguel Angel, contarlo es como vivirlo de nuevo, más intensamente. El ser se guarda en su interior lo que no pudo apreciar en su momento para poder descubrirlo más tarde desde el balcón de la consciencia.

R. Laó dijo...

temmpus, me pregunto si adquirió esa sabiduría al tener que ir despacio y mirando bien donde pisar. Gracias por tu comentario.

R. Laó dijo...

i met you, las gracias a tí por pasear conmigo. Besos