sábado, 10 de enero de 2009

Pelococo

Mi compadre José luis dispone en su trabajo de algunos tiempos muertos en los que aprovecha para desconectar de la rutina de la tarea diaria y adentrarse en sus pensamientos para, de vez en cuando, dejar constancia de las cosas que le suceden. Hace poco tiempo me envió por e-mail esta historia que publico aquí, con su permiso, por supuesto. No pongo ni quito nada, tal como él la escribió es como queda publicada. Vamos allá.

Así le llamábamos en el barrio, “PELOCOCO”, un pelirrojo que fue “paraca” allá por los 70 y fumador empedernido de todo lo que se pusiera a su alcance, fuera tabaco, cannabis, etc.

La aspiradora –en ocasiones también le llamábamos por ese apodo- no dejaba “porro” con cabeza cuando estábamos reunidos en el cuarto de su hermano Francisco, que era mi colega y sigue siéndolo en la actualidad.

Hace ya más o menos 3 ó 4 meses desde que falleció Eugenio “pelococo" y aún está su perrita preguntándose cuándo va a llegar, detrás de la puerta, ignorándo que Eugenio murió y fue incinerado. Pero lo que tampoco sabe es que su dueño, Eugenio, o lo que queda de él, que son sus cenizas, anda dando golpes en el maletero del coche de mi novia, que en su momento se hizo cargo del bote que te dan cuando ha terminado la incineración, ya que ni su hermano Francisco ni nadie de su familia se han preocupado de qué hacer con él. ¿Tiene algo que ver que todos son testigos de Jehová? Mi amigo Francisco en ocasiones dice serlo o que lo fué en su momento, pero yo creo que se ampara un poco en eso según las necesidades que le van surgiendo y según le convenga, ya que si se considera testigo de Jehová desde luego practicante no es. Lo digo con conocimiento de causa porque le veo a menudo y no respeta la que en ocasiones dice que es su religión.



Me pregunto que pensará cuando ve los restos de su propio hermano en el maletero del coche de mi novia. Yo intento ver alguna reacción en él pero no lo consigo y siento ganas de decirle algo al respecto como, ¿qué vas a hacer con él?, ¿piensas dejarlo ahí?, ¿por qué no te lo subes a tu casa con toda tu familia incluyendo a su perrita?, ¿no os permite vuestra religión haceros cargo de los seres queridos cuando fallecen?

Sinceramente, a veces me siento indignado con su comportamiento, llegando a parecer que no le importa que su hermano esté dando vueltas y vueltas en un maletero como si fuera uno más de esos objetos por los que pasan y pasan los días hasta que de pronto te entran unas ganas terribles de limpiar tu coche y decides arrasar con todo lo que hay y tirarlo en la basura de cualquier estación de servicio mientras esperas en la cola del túnel de lavado.

Con respecto a mi novia tengo que decir que no entiendo muy bien que quisiera hacerse cargo del fallecido y que todavía, a la fecha que estamos, siga estando en su coche como si de un recuerdo o amuleto se tratara. Ella argumentó en su momento, cuando le pregunté -éramos sólo amigos por entonces–, que se iba de fin de semana a la playa y que tenia pensado esparcir las cenizas de Eugenio en el mar, pero de eso hace ya 3 ó 4 meses como indico al principio de este escrito, y cuando regresó lo hizo acompañada de nuestro amigo Eugenio en el maletero.

He llegado a una conclusión un poco descabellada. Dado que en los tiempos que corren cualquier cosa es posible y más cuando enciendes la televisión y empieza a vomitar sucesos extrañísimos que ni siquiera a Stepheen Hawkins se le ocurrirían ni estando fumado con la mejor marihuana del más meticuloso cultivo que se pueda imaginar, se me ocurre que podríamos dar una solución a nuestro entrañable amigo Eugenio que creo que si le pudiéramos preguntar, él mismo estaría encantado con la idea.

Hace pocos días que llevo dándole vueltas a este asunto porque visionando una película que me pasó mi hermano, con mi querida novia en casa, lo vi claro. He de decir que la película no es apta para personas con problemas coronarios, es una película algo “gore” pero que te partes de la risa o por lo menos nosotros nos partimos cuando la vimos. Incluso ya la ha visto Francisco, el hermano del tristemente fallecido Eugenio “pelococo”, y a buen seguro que le encantará la idea.

Resulta que le película trata de un muchacho que es un experto cultivador de marihuana. Un sibarita del cultivo indoor pero a lo bestia, o sea, habitaciones dedicadas en exclusiva a este arte, así que imaginemos como es el “kely" de este individuo con rastas que más bien es otro más de una larga lista de mitómanos empeñados en demostrar quién se parece más al eterno, único, e inigualable Bob Marley. Este muchacho como es normal pues tiene un amigo que esta cortado por la misma tijera. Pero éste chico muere y su amigo, en recuerdo de la gran amistad que les unía, le dedica un cultivo muy especial. Primero dándole su nombre al cultivo en cuestión y segundo, abonando la planta con sus cenizas, resultando una planta maravillosa de fumar y con unas alucinaciones que hasta su propio amigo muerto se aparece cada vez que la fuma.

En fin, después de resumir lo que acontece en el film en cuestión me atrevería a decir que probablemente acabemos fumándonos a Eugenio. Siempre será mejor que tenerlo en el maletero del coche de Sonia rodando y dando golpes hasta que un día se abra el puñetero botecito y nos parezcamos a los de la película “Airbag”, que en ese caso era cocaína y acabaron todos los del coche con un subidón que ni en el mejor de los “after's“.


Va por ti PELOCOCO.

1 comentario:

Jack Daniel's dijo...

Tu compadre José Luis, y el mío, lo que es un mamón que no sabe en qué emplear el tiempo que le birla a la empresa en la sección sindical.
Un abrazo.